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El burlador de Sevilla

I Acto. Del escarnio y de la humillación de la marca España

Me avergüenzo y me humillo y si miro, lloro y muero, y si a alguien le inquiero, entre todos, me indican que la necesidad es tanta que también lo es la necesidad de hablar sobre ella. Al público y al privado, hago de mi capa un sayo y, aunque no tenga alpargatas mis pies dono y mis alforjas vacías reparto porque para pobre yo y a los demás más pobres que yo, a ellos ayudo sin dolerme prendas y sin hablar de ellas, que también las regalo, y además, guardando el decoro de ayudar y no publicar mi limosna. Mi privada vida no es tan ajena a la de los demás y los demás que no saben de mi necesidad tampoco son quienes para ayudarme sin conocerme.

No soy bueno porque no quiero serlo y tampoco malo por no indicarlo. No soy público ni privado. Soy como soy alguien que ayuda sin pedir y pide sin ayudar, como todo normal vecino, entre todos los vecinos.

II Acto. De la deshonra como una de las mas “vellas” artes

Entre todos no ayuda más por hacer pública la ayuda y ni siquiera por ser pública la cadena. Ave pasajera que compra votos como si los telespectadores vivieran en una multimedia democrática y pudieran decidir el contenido por si solos, y aprobar o suspender entre todos los contenidos, unos si y otros no.

III Acto. Tan largo me lo fiais

Si el programa Entre Todos no se hiciera y su coste se dedicara a la misma ayuda que publicita, resultaría que aún sobraría dinero para seguir ayudando a muchos que no tuvieron cabida en el programa.

IV Acto. El convidado de piedra y la soberbia del Galán

Los intermediarios que quieren ayudarse a sí mismos también cobran de lo lindo y si no, que se lo pregunten al exdirectivo de RTVE y exdirectivo de Canal Sur.

Don Pablo Carrasco es bueno para sí, vendiendo su bondad a los demás, pero su “buenismo” tiene el precio del desprecio.

¿Cómo se puede vender un producto así? ¿Quién compra un contenido de esta naturaleza? ¿Cómo se puede pensar que este programa es adecuado para la televisión pública? ¿En manos de quiénes estamos?

V Acto. El cínico seductor desenmascarado

¡Caramba! Ahora resulta que el bien para todos es humillar y presentar la humillación como algo con lo que se puede mercadear. La pobreza es ajena a la dignidad, porque la dignidad se compra y algunos que buscan su propio beneficio comercian y trafican con la dignidad de los demás.

Entre Todos nos hundimos. El éxito de un programa no reside en su audiencia, y tampoco en su cuota de pantalla. El éxito se mide por ser digno y honrado y por hacer el mayor bien con el menor gasto. Y no al revés. A nadie beneficia que en todo el mundo se sepa que en España se vende la dignidad. Sólo sirve para enriquecer a los usureros que se adueñan de los medios de comunicación.

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