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LA INFORMÁTICA COMO PROBLEMA

 

En este mundo no hay nada infalible. Es un axioma que acabamos asumiendo conforme nos hacemos mayores y comprendemos que la vida es provisional y de (a veces se paga) peaje. Pero de ahí a que las cosas estén siempre fallando... 

Y esto viene al caso porque trabajar en RTVE se está convirtiendo, para muchos de nuestros compañeros, en un auténtico dolor de muelas cuando hay que bregar con la informática. Hasta hace poco se justificaba por equipos con procesadores obsoletos o programas no actualizados incapaces de arrastrar el peso de los datos. Estabas trabajando y se colgaban abriendo esa odiada ventanita en la pantalla: "EL PROGRAMA NO RESPONDE", "ACABAR EL PROCESO O ESPERAR A QUE SE REANUDE", etc. Dejaremos para otro día el tema de los discos duros, tan sobrecargados, machacados, y petados de datos con codificaciones corruptas, que no se limpian. 

Problemas que obstruyen y retardan un proceso tan vital como el de crear los contenidos, y de transferir los trabajos a los servidores de emisión para que se emitan. Cada dos por tres en los minutaros se tienen que “flotar” piezas o colas porque se muestran “offline” (fuera de linea, o no se reconoce contenido) lo que las inhabilita para su emisión, con el perjuicio que eso implica para los compañeros: quienes han redactado y editado la noticia porque no se emite; y los del directo, la realización porque tienen que improvisar aceleradamente en directo, y la presentación porque se quedan con la cara a cuadros al colgarse el CUE (telepronter). Finalmente el espectador que se queda sin esa información anunciada. ¿Hasta cuando?

UN MÁSTER PARA RENOVAR CONTRASEÑAS

Las contraseñas, esas que intentas cambiar cuando el correo corporativo te lo recomienda ante su próxima de su caducidad y tú vas inocentemente a ello y el sistema te señala que las claves no se sincronizan y, por pura desesperación, te ves obligado a llamar al CAU para molestar a esos compañeros que deberían ocuparse de incidencias de más calado y gravedad que las de cambiar una simple y sencilla contraseña. 

Pues bien, en los últimos meses los fallos se han acentuado e incrementado hasta el punto de que los propios compañeros del CAU le han puesto nombre: “Hacer el máster para cambiar de contraseña”. No es broma, es auténtico sentido del humor para quitarse el estrés y no mandarlo todo a la... Desde USO les enviamos un sincero aplauso y unas merecidas gracias.

Resulta que uno de estos fallos-chorras pueden acabar en desgracia. Es el caso de un veterano compañero de la técnica que tras muchas décadas en la empresa y haber acabado la carrera de periodismo hace ya un tiempo, llevaba años esperando su oportunidad para promocionar. Se apuntó a los exámenes de noviembre en plazo y fecha, pero “Murphy” se cruzó en su camino. Día tras otro intentó entrar en la Intranet para comprobar la fecha y hora del examen con tan mala pata de que sus claves siempre le eran rechazadas por falta de sincronización. Cuando finalmente pudo acceder se le había pasado la fecha del examen. 

Confiado, había esperado demasiado tiempo para acudir al CAU donde le dieron pelos y señales de los problemas que estaban teniendo. Y, como los buenos compañeros que son, le atendieron proporcionándole los justificantes de las veces que había intentado acceder sin éxito.

El afectado ha presentado un recurso explicativo a “convocatoriapromocion@rtve.es” y está esperando la respuesta. Mal asunto porque los responsables de la convocatoria no tienen la culpa de los continuados fallos informáticos de una gran empresa como la nuestra. Pero tampoco la tiene el afectado.

EL CLAVO DE LA HERRADURA DEL CABALLO DEL GENERAL

Es la historia del clavo mal puesto en la herradura del caballo que hizo caer al general en plena batalla y llevó a la derrota a su ejército. Una auténtica cadena de errores desatada por un fallo no atendido a tiempo en el sistema. En USO no reclamamos que se juzgue y castigue al maestro armero, o al mozo de cuadras, sino que se intente hacer de alguna forma JUSTICIA con mayúsculas. No pedimos que se apruebe al compañero afectado, que ni siquiera milita en nuestro sindicato. Como tampoco exigimos al tribunal que dispense un trato especial a uno de los aspirantes. Simplemente pedimos que se repare la manifiesta pifia (en la que solo hay un culpable, la ineptitud de la Dirección), por las muchas víctimas, los compañeros del CAU, multitud de usuarios insatisfechos, los miembros del tribunal y, finalmente, el damnificado. 

El cómo se ha de solucionar escapa a nuestra competencia. Pero de encontrarnos en la posición de nuestro compañero echaríamos pestes y nos sentiríamos muy frustrados. Más cuando vamos a tener que seguir “motivados” en la empresa muchos años más.

USO comprende la excepcionalidad de la situación. Reconocemos que hay pruebas de que no hubo mala fe por ninguna de las partes. También asumimos que se deben respetar los reglamentos. USO no pretende ser el abogado del diablo, pero somos empáticos y, como destacamos al principio, no hay nada ni nadie infalible. Y creemos y confiamos en que para casos excepcionales está la racionalidad, el sentido común y la empatía. Y si no hay nadie en RTVE capaz de entender la excepcionalidad de la situación y de dilucidar una solución, sentiremos tener que afirmar que esta empresa se ha deshumanizado hasta un punto en el que se alimenta la desafección y se justifica caer en el pesimismo. Una auténtica lástima.

  

 

 

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