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OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

La serie de fallos sufridos desde la puesta en marcha del sistema Media Central tiene su origen en una base de renovación tecnológica tan mal fundamentada como implementada. Es como si RTVE estuviera disputando el mundial de Fórmula 1 del 2020, pero con coches y reglamento del 2015.

Primero nos quitaron los recursos (publicidad). Siguieron liquidando activos humanos despidiendo (con forma de ERE) a un buen número de profesionales de larga experiencia y recorrido despejando el camino a las privadas. Después atacaron a la rama de administración. Siguieron atacando la producción propia (estudios en mal estado y externalización del área de entretenimiento y sectores de informativos). Y ahora van a por la parte técnica dejando que nos desmoralicemos peleando contra carencias tecnológicas. Y lo último es la liquidación de informadores sustituyéndolos por ROBOTS (de momento solo para ciertos contenidos de deportes, es solo el principio...) como se ha conocido esta misma semana.

¿CONSPIRACIÓN O INCOMPETENCIA?

Todo esto es una conspiración que está destinada al adelgazamiento del sector público y a su muerte por inanición.

La supuesta conspiración arranca en el área ECONÓMICO-ADMINISTRATIVA. No destinan las cantidades adecuadas a la adquisición de tecnología puntera. Intentan comprar duros a peseta y ofrecen concursos muy por debajo de lo que vale en el mercado la tecnología puntera, por lo que tenemos que recurrir a materiales de segunda o a punto de quedar obsoletos en un mundo digital que va a toda velocidad.

La lentitud y la tardanza de implementar esos nuevos sistemas en los puestos de trabajo (hasta más de dos años) ha supuesto la caducidad de los contratos de mantenimiento y actualización. Se está trabajando con un sistema que ya ha sufrido actualizaciones que no han sido compradas, por lo que al final acaba colgándose para desesperación de técnicos y trabajadores.

Luego vienen los errores de dimensionamiento. Los fabricantes de estas tecnológicas diseñan sus sistemas para un par de centenares de licencias o puestos de trabajo. Pero en RTVE hemos habilitado un poco más de medio millar de ordenadores con programa de edición, muchos de los cuales se dejan abiertos, aunque no se está editando, y acaban por saturar la demanda de procesamiento a los servidores y su consecuente ralentización o denegación de servicio.

Y puestos a contaros todo, también existe mal cálculo en la contratación de las vías adecuadas para el trasporte de los datos entre servidores. En muchas ocasiones el flujo de datos supera a la capacidad de los nodos de fibra óptica y el intercambio de información también se ralentiza y atasca.

Hasta hace poco había responsables de la empresa AVID en Torrespaña para que repararan rápidamente y sobre la marcha las incidencias.

POSTUREO TECNOLÓGICO

Pero ahora, para ahorrar, se ha contratado el mantenimiento en remoto que tiene su sede en Irlanda (y en inglés) y que, a su vez, depende de la central que está en Miami.

Pero aún hay más: los fallos de coordinación de infraestructuras. Nos hemos visto obligados a ampliar la capacidad y velocidad de trabajo de los servidores (discos duros), pero no se amplía la capacidad de enfriamiento de los equipos de aire acondicionado de las salas, por lo que, al calentarse los discos por encima de los parámetros limitados por el fabricante, afectan al funcionamiento de los mismos ralentizando la velocidad del procesado de los datos.

Todo esto es solo una descripción superficial pero real de la situación. La visión de conjunto es la de un retrato deprimente e impropio de una empresa puntera en su sector en un país moderno e industrializado.

Se pueden pedir todas las responsabilidades que se quieran, incluso cabezas y dimisiones, pero al final, la última responsabilidad es de los presidentes y consejos de administración que han permitido la acumulación paulatina de incontables chapuzas.

Lo peor es la desmoralización y el peligro para la salud psicológica y el gran nivel de estrés que están sufriendo los que trabajamos siendo víctimas de todas esas carencias propias de un sistema programado para quedarse rápidamente obsoleto y necesitado de una fuerte inversión, si es que se quiere sobrevivir.

No esperamos que nadie entorne el “mea culpa” dentro de un sistema que hace agua por muchas partes. En USO lo comprendemos. Es humano. Y la autocrítica es dolorosa y está mal vista en los colectivos que aspiran a la excelencia de ofrecer un Servicio Público de calidad pagado por todos. Pero si no lo hacemos llegará un momento en el que esto no tenga solución.

USO, UN SINDICALISMO DE INFORMACIÓN Y HECHOS

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